los chaparros …

No suelo yo personalizar mis posts y además no estoy muy a favor de ello, pero permitidme que en este caso haga una excepción. La situación lo requiere y creo que es mi deber hacerlo.

Todos sabemos que en nuestro pueblo existe la costumbre desde vete tú a saber cuando,  de recrear aquél paraje que según la biblia, Jesucristo se apareció a su madre después de resucitar, “toma castaña”. En fin, anécdotas religiosas aparte, nosotros, cuando cumplimos durante el año los ansiosos y no menos esperados 18 años de edad, estamos llamados a preparar el escenario para esta escenificación. Y cuando digo nosotros me refiero tanto a chicos como chicas.

Pues bien, este año le ha tocado hacerlo, entre otros muchos, a mi hijo Alberto. Y no es porque lo haya hecho él, que también, pero creo que ha sido uno de los mejores. ¡Parece mentira!, 18 años a puntito de cumplir y parece que fué ayer cuando apenas sabía andar. Un hombre hecho y derecho. Comentando el tema, el mismo me decía… papá, voy a echar de menos esta Semana Santa, me lo he pasado muy bien. ¡Claro hijo, normal! decía yo, son eventos que se hacen una vez en la vida y dejan huella. Es además, para nuestras gentes,  la confirmación oficial del abandono de la niñez para convertirse en adulto, es decir, a partir de ahora serán los mozos y mozas del pueblo.

En fin, no quiero dejar pasar este post sin felicitar también al resto de sus quintos y quintas que por supuesto también han estado a la altura y que independientemente del futuro de cada uno, quedarán para siempre ligados unos a otros por haber compartido juntos este evento  (y a mi modo de ver más incluso que en veces anteriores). Al menos esa es mi percepción.

También y por último, el día de ayer 27 de marzo, se cumplió el segundo aniversario de la muerte de su abuelo Antonio. ¡Qué coincidencia, fíjate!. Estoy seguro que estuvo en todo momento (al igual que un angel de la guarda) guiando a su nieto esa madrugada para que las cosas las hiciese como un verdadero quinto.